Fuerza del destino

ltimos ensayos de La Forza del Destino, Verdi acucia. En pocos das ser la avant-premire y a l, regisseur, le pesa gran responsabilidad. Por los resquicios de la puesta, ms atrevida que novedosa en los

arrebatos de pasin y muerte, se le cuelan fogonazos como de lmparas sbitamente encendidas que al apagarse dejan una estela de imperiosa ceguera. Tanto que esa noche quisiera. si fuera posible. aunque.

Ya en su casa, con la obertura de fondo y asistido de un ron se deja llevar. Oh, rimembranza! Oh, notte ch'ogni ben mi rapisti! Sar infelice eternamente scritto, declama con impostada voz de tenor. En un

momento, el inefable calor del ron le impone ponderar los zapatos de aquel hombre, enfundado en impecable traje blanco, que pasea por los salones de un lujoso hotel de La Habana o descansa, apacible,

junto a la mesa de un bar a la hora del Mojito. Tal la furtiva imagen que intuye de su padre en la Cuba de su imaginera caribea, pues durante su infancia aqul viajaba de continuo a Centroamrica, dejndolo

al cuidado de su madre y la hermana mayor. Le parece verlo. el parecer estorba, claramente lo ve, forza de un destino anterior, enfundado en traje blanco y calzando zapatos combinados. No slo sta, otra

Cuba evoca empapado en ron, otra en la que supo escabullirse en aventuras amorosas y peridicamente desvela sus noches en la expectativa de un nuevo viaje.

A medida que la escena se desvanece, algo, paradjico en su irrelevancia, se mantiene encendido: el combinado de los zapatos, caracterstico de un estilo, de un modo social. No se le ocurri, acaso,

incluirlos en la pera? Leonor los calza al vestirse de hombre. Debe ir al desvn! Va. Revuelve ropa en desuso y hace a un lado polvorientos objetos que apenas reconoce hasta que al fondo de un estante la

encuentra: una gran lata, imposible en la actualidad, en cuyo frente lee, menos lectura que acto de memoria: "EL EXPLORADOR, Pimentn Puro. Nortes Argentina. Peso neto: 10 kilos". Entre flores y filetes,

un nio vestido de explorador sostiene con una mano cierta vara que nunca supo en qu consista porque el extremo sale de la imagen y con la otra hace la consabida visera para mirar a lo lejos. Al fondo,

rboles y montaas. Repentinamente, ensimismado y a distancia, ve la escena como a travs de una ventana: l, nio, explorador de lata, en el centro desvn del revoltijo, todo inmvil en un tiempo fuera de

tiempo. Hasta que un ramalazo de emocin lo devuelve al hallazgo de la vieja lata en la 2 que se amontonaban fotografas familiares y postales de los viajes del padre, an recuerda el argumento: con el cierre

a presin, resista al polvo y la humedad. De vuelta en la sala la deposita sobre la mesa. Al limpiarla, lee en la tapa que Canale envas el contenido en 1957. E spososi di Canale la vedova, exclama

traduciendo una ocurrencia de Facundo Cabral. Bebe un sorbo de ron y haciendo palanca con un cuchillo la abre, dejando al descubierto una maraa de postales y fotografas. A medida que les pasa el dorso

de la mano las examina hasta dar con una. A medias consciente de que es la buscada, se detiene a observarla. Fue tomada por Fumiko -en un ngulo, estilizadas, amarillentas letras dibujan su nombre- en la

rambla de Necochea: ante la cmara posan el padre y la hermana, ya mujercita, tomados del brazo; pero es ella quien calza zapatos de tacn blancos/negros. Leonor! Cmo pudo no saber que lo saba hasta

sentir el impulso de ir al desvn? Lo asalta el recuerdo de un sueo en el que se ve dormir abrazado a un cuervo. Ocurrencias que lo conducen a los viajes del padre al exterior hasta el accidente fatal la vez

que el avin se desplom. Pellegrina ed orfana, la hermana viaj en busca del cadver sin que ella ni la madre se atrevieran a darle la fatdica noticia. Ignorante, se extra al verlas de negro.

En un instante cree comprender, aunque algo escapa al intento de aprehender la falta paterna. Haba escuchado macabros pormenores de la hermana acerca del estado en que encontrase al cuerpo. La recuerda

como un cuervo alimentado de la carroa del padre. El cuervo, aquel luto, son el trasfondo lgubre del inmaculado traje que el padre luce en la fantasa de La Habana, tanto como la tragedia de su muerte lo es

con el placer ligero de la escena.

El contraste se reitera, le resulta evidente, no escapa a su ojo profesional, en la evocacin de los veraneos en Necochea: el padre con negra malla de cinturn blanco, al mejor estilo de la poca y la madre, por

la que retiene algo obsceno, mezcla de erotismo y operstica aversin, al imaginarla rebasando la malla con sus blancos hemisferios. Debiera llevar algo de esto a la obra. aunque ya no hay tiempo. No hay?

Cunto tardaron Necochea, la madre, el padre en definir estas formas? Se ocupar de que la mezzosoprano que interpreta a la gitana Preciosilla descubra sus generosas tetas.

Se altera la escena de La Habana, concibe al padre enfundado en el traje blanco como un esperpento contenido en la tela-carne blanca-negra de la hermana-madre- cuervo. Los zapatos combinados delatan el

rasgo en un sbito contraste: el blanco, el negro, lo inmaculado, el cuervo, la carne untuosa, lo masculino, lo femenino.

3

A la rastra de los viajes del padre, desde Necochea la escena se desplaza a la Cuba de ilusin, acompasando el trnsito falaz de ese desconocido, presente en la inmediatez del cuervo devorador de restos

masculinos. Su deseo expectante por encontrar en Cuba un negro con quien tener una aventura amorosa arroja luz sobre el enigma: l es un blanco con un pjaro negro dentro.

Aparecen recuerdos o fantasas noveladas, no ignora que rescata o fabula acerca de sus padres a travs de fotografas familiares o de pelculas argentinas de la poca, lo deleita la pompa del cine de los aos

cuarenta. Y en su devocin por la pera reencuentra la debilidad por los decorados que no disimulan fatuidad.

El rastreo de sus ocurrencias destaca el carcter de lo blanco-negro. El juego de contrastes se anuda a la fantasa del padre en La Habana y se pasea con insistencia, produciendo un inacabable deslizamiento

cuyo sino consiste en figurar lo escamoteado, elevndolo a la condicin de emblema.

Padre blanco
padre en las alturas
padre fantasma
pjaro padre
pjaro negro
pjaro obsceno
madre cuervo
madre negra
llena
untuosa
lechosa
Madre blanca

Insomne pjaro que no despierta, que no duerme. Si el deseo da pie al destino, l erige su desatino en un pedestal blanco-negro que distrae la certidumbre del zapato vaco. Oh, tu che in seno...

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