La grieta

La grieta

Los sistemas religiosos como el cristiano necesitan, para sustentar al Dios del Bien, de la Transparencia y de la Justicia, la contraparte del corrupto Demonio,

depositario del Mal. Quienes quedaron como redactores oficiales de la Biblia no se atrevieron a volverlo del todo explícito, no obstante, la interpretación rabínica de

los Midrash se detuvo en la siguiente elipsis del texto bíblico: cuando el Génesis establece que al culminar el ciclo creativo al Supremo se le ocurre que haya seres a

su imagen y semejanza y… “macho y hembra los creó”. No obstante, de inmediato margina a la hembra para quedarse con Adán y hacer que luego, sólo luego, Eva resulte de una de sus costillas.

Una sagrada contradicción. Los Midrash ubican en el “macho y hembra” a Adán y a la mujer originaria, Lilith, quien sería una trasgresora que resistiendo el mandato divino de yacer bajo el

hombre prefirió, demoníaca engendradora de demonios, copular con Satanás, cuyo encendido erotismo superaba con creces al del insípido Adán. Este dilema se mantiene en el núcleo de los

adánicos celos masculinos, en tanto la sempiterna Lilith está en la desdicha tanguera: las mujeres siempre son… Lo de sempiterna le cabe, se trata de lo que habiendo tenido principio, no tendrá

fin, según el diccionario. A propósito, Lilith proviene de la mitología mesopotámica, sospecho que Ishtar, diosa del erotismo, no ha de serle ajena. La promesa de un Cielo virginal funciona por

contraste con el Infierno tan deseado, tan temido.

¿Se ha pensado suficientemente que el monopolio del Bien Mediático y sus acólitos del grupo Cardenal (Newman), Hada Buena mediante, necesitan encarnar la perversidad en una Yegua a la

que quisieran erradicar en bien de un ilusorio futuro –pesadilla, en inglés, es nightmare, yegua de la noche-, tenebrosa como la ancestral Lilith, en este caso llamada Cristina, sin la cual serían

nada?

Página principal

Ir a página anterior

 

e-mail